Por Clarisa Gambera – Secretaria de Género y Diversidad
Fueron meses que nos encontraron en las calles, en plenarios, asambleas y talleres resistiendo el avance sobre nuestros derechos. La embestida fue inédita en términos de velocidad y profundidad en tiempos de democracia. Se apuntó contra diferentes leyes, resoluciones y políticas públicas generando despidos y desarmando espacios donde se garantizan, desde el Estado, derechos que avanzan en igualdad y equidad. Desde el Ejecutivo, se buscó cercenar, censurar, cuestionar, anular discursos legitimados por las luchas feministas y transfeministas como la brecha salarial, la desigualdad, o el feminicidio y el transfemicidio.
Esta violencia vertical, focalizada y constante, fue habilitando otras formas de violencia que se expresaron en los lugares de trabajo, en las calles, en las redes sociales. Violencias que buscaron y buscan instalarnos en el lugar de enemigxs de las “personas de bien”. Sabemos también que la fuerza de este ataque se corresponde a la importancia y profundidad de los logros conseguidos desde el movimiento feminista.
La evaluación del primer año de la Secretaría de Género y Diversidad de ATE coincide, paradójicamente, con el primer año de un gobierno que plantea al feminismo, al sindicalismo y al ambientalismo como enemigos manifiestos.
Se trata de un proceso que se monta sobre un ajuste feroz de los salarios y los puestos de trabajo que deterioraron aún más el poder adquisitivo de los hogares. Durante este año se agudizó la feminización de la pobreza.
Desde la Secretaría de Género y Diversidad de ATE Nacional realizamos diferentes medidas y acciones tendientes a entender la forma que toma esta violencia y a construir acciones que logren morigerar su impacto. Así, realizamos un seguimiento de la violencia política desplegada por este gobierno que socializamos mediante diferentes informes; realizamos un cuadernillo y diferentes talleres para abordar la violencia laboral y la violencia laboral por motivos de género; realizamos un seguimiento de la implementación del cupo travesti, trans y no binarie (TTnB) y construimos una estrategia legal que busca proteger los empleos de personas TTnB; llevamos adelante un seguimiento de las denuncias CIOT y desarrollamos una formación sobre violencia y acoso laboral para más de 400 delegadas y activistas; avanzamos en la implementación del Protocolo nacional para abordar situaciones de violencia por motivos de género y orientación sexual construyendo los instrumentos de trabajo necesarios, conformando el Equipo Interdisciplinario Nacional, y avanzando con el Observatorio Sindical de Género.
Participamos activamente en las movilizaciones de calle por la defensa de nuestro salario y nuestros puestos de trabajo. Alzamos nuestras voces el 8M, el 3J, el 28S, el 25N, en la marcha del Orgullo y en el encuentro plurinacional de mujeres y disidencias. Nos organizamos, nos repensamos, nos abrazamos, porque cuando se lucha contra las violencias se pelea también para cambiar relaciones desiguales de reproducción social, se pelea por todas y por todos, por una sociedad más justa, donde quepamos todes.