Por Daniel Parcero
En la jornada histórica del 5 de diciembre, la voz del pueblo se levantó contra un modelo de gobierno que, en poco tiempo, ha demostrado priorizar los intereses de los grandes grupos económicos a costa del desmantelamiento de derechos fundamentales. Las medidas de ajuste, el recorte de programas sociales, el desfinanciamiento de la educación y la salud y las reformas laborales regresivas fueron los principales motivos de este llamado colectivo a la resistencia. Al que se suma el accionar represivo del gobierno, que intenta silenciar las voces de quienes resisten con políticas que criminalizan la protesta y profundizan el miedo.
Desde cada rincón del país, columnas de trabajadores y trabajadoras, estudiantes y referentes sociales marcharon no sólo para expresar su descontento, sino para reafirmar un mensaje de esperanza y lucha. Cada bandera, cada cántico y cada paso hacia Plaza de Mayo fue un recordatorio de que el pueblo no se resigna. La unidad fue el corazón de esta movilización: demostró que, frente al avance del neoliberalismo extremo, la respuesta es la organización popular.
La Marcha Federal que tuvo epicentro en Plaza de Mayo congregó a la CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores y Trabajadoras y a un amplio arco de organizaciones populares: sindicatos, movimientos sociales, pequeños y medianos productores, campesinos, iglesias y agrupaciones políticas que protagonizaron un masivo acto unitario que expresó un contundente rechazo a las políticas del régimen de Javier Milei.
En el cierre del acto, las palabras resonaron con fuerza:
“Llamamos a la conciencia colectiva, a la más amplia unidad, a dejar de lado las mezquindades políticas y a priorizar al pueblo que sufre. Hoy más que nunca, necesitamos construir un horizonte común que no deje a nadie atrás”.
La Marcha Federal fue mucho más que una protesta: fue un acto de amor al pueblo, un grito de rebeldía y un llamado a defender lo conquistado con esfuerzo. Desde Plaza de Mayo y cada punto del país, quedó claro que la resistencia sigue viva y que, mientras haya quienes luchen, no habrá políticas que puedan doblegar al pueblo organizado.
¡Arriba las y los que luchan!